El pitido final en el Campo Beitikuntzea desató la locura. Tras certificar su ascenso a Segunda RFEF, los jugadores del Real Murcia Imperial y los aficionados desplazados a Pamplona protagonizaron una celebración inolvidable sobre el terreno de juego, poniendo el broche de oro a una temporada para el recuerdo.
La expedición grana no estuvo sola en Navarra. Decenas de murcianistas recorrieron cientos de kilómetros para acompañar al filial en el partido más importante del curso y, una vez conseguido el objetivo, la comunión entre grada y equipo fue total. Aficionados y futbolistas se fundieron en un solo sentimiento, compartiendo abrazos, cánticos y lágrimas de emoción tras la consecución del ascenso.
La imagen de los seguidores granas celebrando junto a los jugadores sobre el césped reflejó a la perfección la importancia de un logro que trasciende lo deportivo. El ascenso supone un premio al trabajo realizado durante toda la temporada y un hito para la cantera murcianista.
No era un ascenso cualquiera. El Real Murcia Imperial vuelve a una categoría nacional 18 años después de su último ascenso, un éxito histórico que devuelve al filial grana al lugar que por trayectoria y potencial merece ocupar. Casi dos décadas de espera encontraron su recompensa en una tarde inolvidable en Pamplona.


